domingo, 17 de octubre de 2010

Wisdom

Se mira las largas y afiladas uñas a la luz del crepúsculo, reflectando destellos bruñidos en su suave y tersa piel de porcelana, ajena a la mirada del depredador en la sombra que, sediento de sangre, espera con paciencia a que el astro rey se retire a descansar y dejar paso así a la luna, la noche y sus criaturas nebulosas.
La chica de oscuros rizos, permanece sentada en aquel banco desvencijado del parque, jugueteando con piedras sueltas del suelo polvoroso, inmersa en sus cavilaciones.
El último rayo de sol colorea perezosamente la vasta y lóbrega extensión de parque, cuando él sale de su escondite.
Tan gallardo y sensual, con sus zapatos de punta , sus pantalones negros de Levi´s y aquellos modales sorpresivamente educados, ocultos tras una capa de falsa acidez.
-Buenas noches -saluda él, sentándose junto a ella-.Me gusta tu vestido de...esto, ¿bruja? -comenta, sarcástico.
Ella le dirige una mirada parcialmente vacía, y luego, aparta un revoltoso mechón rizado de su cara.
-Estamos en Halloween -simplifica soltando un suspiro e irguíendose lentamente, luego le mira-.Y siendo un vampiro, me suena casi cómico que me lo preguntes, Damon.
Él sonrie, esta vez sin tapujos, con una verdadera muestra de felicidad en su rostro, aún y así, Damon se conoce lo suficientemente bien como para saber que, ante una respuesta tan seca por parte de Elena, ni el más ácido comentario podría salvarle de la plácida y contundente seriedad de su carácter.
No obstante, lo intenta, fingiendo sorpresa.
-Sí, ahora que lo mencionas...no he encontrado normal ver varias Bonnies sueltas por la ciudad chillando con sus vocecitas agudas -otra sonrisa-.De todas maneras, debes compadecerme, recuerda que tengo más de 160 años, Elena.
Ella le mira, le atraviesa con sus ojos negros, en silencio, sin mediar palabra. Se acerca a su boca y le besa casi con ternura.
Luego le mira y sonrie.
Damon frunce el ceño.
-Es hora de despertar...amor mío.

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Compadeciéndose de si mismo(y dándose asco en el proceso) Damon Salvatore se incorporó en su cama de sábanas de seda, solo. Sin ella. Sin Elena.
Luego sonrié y se da un breve golpecito en la frente, soltando por último una suave carcajada, teñida de cinismo y tristeza.
-Nah, que se le va a hacer, soy un jodido sentimental.
Luego se levanta y suspira.
Y esque se está arrepintiendo de algo que no es su culpa, soñar, soñar con Elena es un error que no debería haber cometido, pues cuando todo termina, una inexplicable desazón se instala en su pecho, oprimiéndolo.
Porque, aunque intente negarlo con todas sus fuerzas, Damon sabe que Elena no le pertenece.
Le consuela que tal vez...mañana sí que lo haga.
Al fin y al cabo la esperanza es lo último que se pierde...sobre todo si tienes una eternidad para esperar, ¿no?

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